Miércoles, 30 Abril 2008

Los dejamos hasta sin médicos

Hace poco leía que en un reciente simposio celebrado en Kampala (Uganda), la OMS denunciaba que en el mundo faltan 4 millones de médicos, enfermeros y comadronas.

Esta carencia, ya de por si alarmante, muestra, como no puede ser de otra forma, su peor cara en el llamado continente negro: África sólo cuenta con el 3% de los trabajadores sanitarios del mundo.

El problema, ya de por si grave, se torna en alarmante cuando se conoce que 20.000 médicos y enfermeras africanos emigran a otros países en busca de mejores oportunidades. Según la OMS, uno de cada cuatro médicos africanos –formados en sus países de origen- se marcha de su país para trabajar en Europa, América del Norte o los Emiratos del Golfo.

El año pasado la Comisión Internacional Global de Migraciones ponía dos ejemplos muy gráficos: En la ciudad inglesa de Manchester trabajan hoy más médicos de Malawi que en todo Malawi. Y en Zambia, de un total de 600 médicos que terminaron la carrera desde el año de su independencia, la mitad han emigrado.

El daño que provoca en los países de origen esta política inmigratoria es notoria: todos hemos visto imágenes en los que cientos de personas esperan pacientemente ser atendidos en algún hospital donde escasea el personal sanitario. Mientras África exporta profesionales sanitarios a los países ricos, sus dispensarios carecen de los recursos humanos mínimos para atender las necesidades médicas de su población.

Esta “fuga de cerebros”, potenciada por los países occidentales, contrasta de forma indignante con las barreras legales que se imponen a los inmigrantes cuando carecen de una formación académica suficiente.

Nuevamente la hipocresía del denominado primer mundo queda en evidencia: mientras en África millones de seres humanos sufren las consecuencias de enfermedades perfectamente evitables, las organizaciones internacionales, presionadas por EE.UU. y Europa, no hacen nada por crear las condiciones mínimas que permitan continuar en sus países de origen a los médicos y enfermeras y permiten políticas de patentes que impiden de facto el tratamiento de dichas enfermedades.

Hay veces que uno se avergüenza de pertenecer al género humano y haber participado, por acción u omisión, en la validación y consolidación de un orden socio-económico criminal que condena a millones de seres humanos a vivir no ya sólo sin lo indispensable, sino, lo que es peor, sin esperanza.

Lunes, 28 Abril 2008

Armas y medicinas: unas van, las otras no llegan

Canal Solidario da cuenta de dos noticias interesantes:

  1. La Red Internacional de Acción sobre Armas Ligeras alerta de la existencia de un barco cargado de armas y munición destino Zimbabue. Si esta carga llega servirá para empeorar alarmantemente la crisis política que vive el país. La organización ha lanzado una campaña de recogida de firmas que entregará a los presidentes de la Southern African Development Community (SADC) y a los gobiernos de los países de la región que tengan puerto, incluyendo Angola, DR Congo, Mozambique, Namibia y Tanzania para evitar la llegada de las armas.

Más información aquí.

  1. Médicos sin Fronteras denuncia que el ejército español realiza programas de ayuda “sin un plan concreto ni objetivos que cumplir“, desarrollan planes de emergencia sin identificarse y “perjudican la credibilidad de la ONG“. En otro orden de cosas, la ONG señala que uno de los problemas que tiene que afrontar son los precios de los medicamentos, ya que hasta que no se comercializan genéricos no se pueden ofrecer esas medicinas. De hecho criticó que determinadas industrias modifican ligeramente el producto para que nunca llegue a convertirse en genérico, y por lo tanto en accesible para este sector de la población.

Más información aquí.

Miércoles, 23 Enero 2008

¿Miramos para otra parte?

No, no han abierto lo telediarios con ello. Tampoco lo esperaba. Supongo que la crisis bursátil nos pone por desgracia más nerviosos. Pero lo cierto es que hoy termina un día en el que 26.000 niños han muerto de enfermedades totalmente previsibles. Igual que ayer. Y que antes de ayer. Y que el resto de los días del año.

Son cifras del último informe de UNICEF, en el que se denuncia que 9,7 millones de menores fallecen al año por tal motivo, una cifra que hace imposible el cumplimiento del cuarto objetivo del milenio de la ONU.


Lo lamentable, lo verdaderamente lamentable, es que los medios que publicitan la noticia señalan que la cifra es positiva porque es la primera vez que disminuye de 10 millones la cifra de niños muertos. Y es bochornoso porque bajo esa sensación de alivio que pretenden transmitir se diluye no sólo el fracaso de la Comunidad Internacional a la hora de cumplir con el propósito antedicho, sino también el sentimiento de vergüenza y culpa que debería ahogarnos a todos cada vez que alguien nos enfrentase a esta realidad. Si importante es que este año hayan fallecido 300.000 niños menos de enfermedades curables, más trascendente debería ser que fallezcan 700.000.

Quizás la mejor forma de ilustrarlo sería emitir en televisión la desaparición de uno de estos pequeños. Y luego de otro. Y de otro. Y cuando hubiéramos visto decenas de casos y nuestro estómago llorase amargor, una voz en off nos recordaría: “lamentamos interrumpir la programación, pero no existen minutos suficientes esta semana para reproducir todas las muertes acaecidas. Hoy han sido 26.000 los niños que se nos han ido y mañana serán otros 26.000. Pero alegren sus corazones: hemos reducido en trescientos mil la cifra de diez millones que morirán este año. Buenas noches y feliz fin de semana. Y recuerden: conduzcan con responsabilidad”.

¿Hay alguien que lograse no despreciar semejante mensaje? Pues eso es, con cierto disimulo, lo que suelen hacer los medios de información cuando se ven obligados a dar noticias como ésta.

Y mientras os escribo esto, 500 madres han dicho adiós a sus hijos… eso suponiendo que todos tuvieran la suerte de contar con ellas, que por desgracia es mucho suponer.

Bienvenidos al mundo real, que decía Morpheo.

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