“Sin el mar no hubiera sido posible la vida en nuestro planeta. Sin embargo, a pesar de su inmensidad y la enorme riqueza biológica que encierran, nuestros océanos son frágiles, muy poco conocidos y especialmente vulnerables a las amenazas. El crecimiento insostenible de la población y el incremento de la demanda de recursos que conlleva han generado el principal problema al que se enfrentan en la actualidad nuestros mares: el agotamiento. Asimismo, las actividades humanas como la pesca, el desarrollo costero intensivo, la contaminación y el cambio climático están poniendo en peligro su salud” (WWF/Adena).
El mar Mediterráneo une África, Asia y Europa. Sus aguas bañan 19 países que comparten 46.000 km de costa.
Según denuncia Greenpeace,
“Esta abundante fuente de recursos ha ayudado al desarrollo de la civilización humana durante miles de años y ahora se encuentra seriamente amenazada. El mar Mediterráneo necesita nuestra protección ahora“.
A tales efectos, el buque insignia de Greenpeace, Rainbow Warrior, llegará el 8 de julio a aguas españolas para presentar la campaña “Recuperemos el Mediterráneo“. La campaña comenzará el día 9 en Valencia y recorrerá distintos puntos de nuestro litoral para alertar sobre la inminente necesidad de recuperar un mar amenazado de muerte.
Paralelamente, durante los días 17 y hasta el 26 de noviembre, la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (CICAA), que se reúne en Dubrovnik (Croacia), deberá decidir si pone en marcha un auténtico plan de recuperación del atún rojo en el Mediterráneo o si por el contrario cede ante las presiones de la industria atunera y avoca a la especie al colapso. Debe tenerse en cuenta que la sobrepesca ha terminado con el 80% de la población de atún rojo en el mar Mediterráneo. Los caladeros están agotados, los buques industriales navegan cada vez más lejos para capturar los disminuidos stocks. Se están explotando nuevos caladeros en Libia, Egipto, chipre y Turquía, pero en vez de aprender de los errores del pasado, estos caladeros están siguiendo la misma trayectoria que los del Mediterráneo occidental: sobreexplotación y agotamiento.
Muchos son los datos que alertan sobre la extrema situación que viven unas aguas que ha sido cuna de las más importantes civilizaciones humanas:
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