El 14 de abril nos despertábamos con la noticia de los motines que se estaban sucediendo en Haití por el alza creciente de los precios de los alimentos.
Protestas de este tipo se acumulan a lo largo de toda África. En países como Costa de Marfil, Camerún, Burkina Faso o Senegal son frecuentes las revueltas durante las últimas semanas. En Egipto se convocó hace unos días una huelga general contra la subida de precios. En América Latina las manifestaciones son crecientes, des de Honduras a Bolivia.
¿Qué esta pasando? Los analistas afirman que estos “motines del hambre” reflejan una crisis alimentaria mundial cuya peor cara está aún por mostrar. La expansión de los biocombustibles, la especulación en los mercados de materias primas y los subsidios de las explotaciones en la Unión Europea y Estados Unidos convierten a los países occidentales en responsables de la hambruna que está afectando a los países pobres y que amenaza con extenderse.

El problema al que nos enfrentamos es tan alarmante que hasta el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, ha pedido hace unos días una acción internacional inmediata para hacerle frente. Por su parte, el primer ministro británico, Gordon Brown, ha solicitado que durante la próxima cumbre de los ocho países más industrializados (G8) se examine el impacto de los biocombustibles en el precio de los alimentos, una de las causas que parecen estar provocando su alza. De hecho, y según la mayor parte de los analistas, parte de la crisis está motivada fundamentalmente por la utilización de los terrenos donde se asentaba la mayor parte de la agricultura y ganadería tradicional para la producción de biocombustibles. La estrategia de sustituir la agricultura tradicionalmente orientada a la alimentación por la producción de biocombustibles con la excusa de disponer de fuentes de energía más sostenibles medioambientalmente en los países ricos tiene un responsable muy claro, las multinacionales, y un perjudicado aún más evidente: la población civil de los países pobres.
Como denuncian Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa en un excelente artículo en Altereconomía:
“De esa manera se ha abierto un nicho de mercado muy rentable, gracias a la alta demanda que generan los países ricos, pero a costa de producir hambre en multitud de países. O, dicho de una manera más clara, como hace Jean Ziegler, portavoz especial de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, cometiendo un auténtico “crimen contra la humanidad”.
Para colmo, esta crisis alimenticia de proporciones gigantescas se ve agudizada profundamente por la crisis financiera que comenzó el verano pasado y que ha encarecido los créditos y aumentado los costes financieros.
Como respuesta a la incertidumbre imperante con respecto a las entidades crediticias, y gracias a las continuas inyecciones de liquidez de los bancos centrales (que en lugar de solucionar el problema financiero lo que hacen es prestar más recursos a los grandes financieros para que sigan llevando a cabo sus actividades especulativas), los inversores están dirigiendo actualmente sus operaciones hacia el mercado de futuros para las materias primas.
Estas inversiones puramente especulativas en el mercado de futuros están produciendo alzas impresionantes en los precios básicos, y están agravando con ello aún más los problemas a los que se enfrentan millones de personas a la hora de comer.
Precios en el mercado de futuros de materias primas Así, el Banco Mundial estima que los precios de los alimentos han subido un 83% de media en los últimos tres años, y que en el caso del trigo el incremento ha sido de un 120% con respecto al año anterior. Subidas que se prevé sigan produciéndose si no se corta de raíz la deriva especulativa de los mercados.
Como es lógico, son las clases sociales más desfavorecidas quienes sufren las peores consecuencias de estas subidas de precios, pues mientras que en los países ricos las familias destinan aproximadamente un 10% de los ingresos al consumo de alimentos, en algunos países subdesarrollados esta proporción puede llegar a alcanzar el 80%.
En este contexto, los grandes organismos internacionales muestran una vez más su radical inoperancia. No sólo han contribuido a crear las condiciones que han provocado el desastre sino que han sido incapaces de prever lo que iba a ocurrir y, ahora, se limitan a hacer propuestas evasivas o claramente insuficientes.
El Fondo Monetario Internacional sólo se muestran preocupados por las cuestiones financieras y el Banco Mundial ha advertido del peligro de disturbios que podrían poner en peligro la estabilidad de los distintos países pero sin detenerse a estudiar la causa última de los mismos, limitándose a solicitar a los países ricos que realicen donaciones monetarias para paliar la crisis que serán insuficientes y que no solucionarán los problemas estructurales de las economías destinatarias”.
Lo cierto es que tanto la crisis financiera como la utilización de las tierras destinadas a agricultura tradicional para la producción de biocombustible no son sino dos consecuencias tan inevitables como evidentes de la implementación a nivel global de los postulados neoliberales en materia económica.
Sin duda una de las máximas autoridades morales en esta materia es Jean Ziegler, ex relator especial de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, que desde hace años denuncia los daños que el neoliberalismo está provocando en la agricultura de los países en desarrollo. Según su opinión, apoyada en los fríos datos de la FAO, es evidente el aumento del número de seres humanos víctimas del hambre (más de 854 millones de personas el año pasado). Ziegler siempre ha afirmado con fuerza su creencia en la necesidad de reconocer “el derecho a la alimentación” como “parte integrante de los derechos humanos básicos”.
Pues bien, este derecho a la soberanía alimentaria, una de las tradicionales reivindicaciones del movimiento altermundista, choca violentamente contra la liberalización y la privatización que han progresado rápidamente durante los diez últimos años. Al mismo tiempo, los que sufren de desnutrición grave y crónica nunca han sido tan numerosos en el mundo.
Defiende Ziegler que:
“Las instituciones de Bretton Woods (Banco Mundial y FMI), con el gobierno de Estados Unidos y la Organización Mundial del Comercio, incluso se niegan a reconocer la existencia de un derecho humano a la alimentación e imponen a los Estados más vulnerables el consenso de Washington que favorece la liberalización, la desregulación, la privatización y la reducción de los presupuestos nacionales de los Estados. Este modelo, que genera aún más desigualdades, (…) tiene consecuencias especialmente catastróficas en el derecho a la alimentación en tres de sus aspectos: la privatización de las instituciones y servicios públicos, la liberalización del comercio agrícola y el modelo de reforma de la propiedad de la tierra basado en el mercado”.
La ONU ha pronosticado que los precios globales de la comida van a aumentar a razón de 20-50% para el 2016. La situación de pobreza se está agravando seriamente y, según la ONU, más de 100 millones de personas van a sufrir especialmente esta crisis alimenticia. La propia FAO ha alertado que las reservas mundiales de cereales caerán a su nivel más bajo en 25 años. Y de hecho, el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, ha llegado a afirmar que la crisis alimenticia puede provocar la muerte de “millones de personas en breve“.
La situación como puede verse es tan preocupante como indignante. ¿Qué han hecho gobernantes internacionales para solucionar esta situación? ¿Qué medidas han adoptado para evitarla? Evidentemente ninguna, pues son, con las multinacionales a las que dan cobijo ideológico, los máximos responsables de ella.

El problema no está, y esto es importante recordarlo una vez más, en la incapacidad del planeta para alimentar a la población mundial. De hecho, el propio Jean Ziegler se ha cansado de denunciar que:
“La agricultura mundial, en el estado actual de productividad, podría alimentar al doble de la población de nuestros días. El hambre es generada por la mano humana”.
En conclusión, estamos asistiendo a una crisis perfectamente previsible y lo que es peor, a una crisis que de no adoptarse medidas urgentes nos puede llevar, como reconoció el otro día el Secretario General de Naciones Unidas, “a la casilla uno”. Y es que como ha asumido el Director General del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, “lo peor está por llegar”.
El pasado día 20 de abril manifestaba el ya citado Jean Ziegler que “el hambre no ha sido cosa del destino desde hace mucho tiempo. Más bien hay un asesinato detrás de cada víctima. Es un silencioso asesinato en masa“. E hizo algo más: culpó a la globalización de la “monopolización de los ricos en la Tierra” y responsabilizó a las multinacionales de una especie de “violencia estructural“: tenemos, dijo, “una multitud de empresarios, especuladores y bandidos financieros que han convertido en salvaje un mundo de desigualdad y horror“.
Esta es la realidad y ante ella no puede extrañar, como manifestaban Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa en el artículo parcialmente reproducido más arriba, “si los miserables se toman algún día la libertad de arrebatarles como sea sus inmorales privilegios”.
Y no me vengan con que el mundo es así. Como le replicaban al Obispo en la película “La Misión” eso no es verdad… “El mundo lo hemos hecho así”.
ACTUALIZACIÓN (22/04/2008):
Los incrédulos o los que observen cierto catastrofismo en mis palabras han de saber que desde ayer tanto en los EE.UU. como en Inglaterra se está racionando el arroz, limitando su venta a una determinada cantidad por comprador.
ACTUALIZACIÓN (30/04/2008):
Os enlazo esta entrada publicada por Abraham en Otro mundo es posible en el que aclara de forma contundente quienes son los responsables de la crisis alimentaria. Igualmente os recomiendo este artículo publicado en KAOSENLARED.NET.
Os aconsejo la lectura de ambos.









