No, no han abierto lo telediarios con ello. Tampoco lo esperaba. Supongo que la crisis bursátil nos pone por desgracia más nerviosos. Pero lo cierto es que hoy termina un día en el que 26.000 niños han muerto de enfermedades totalmente previsibles. Igual que ayer. Y que antes de ayer. Y que el resto de los días del año.

Son cifras del último informe de UNICEF, en el que se denuncia que 9,7 millones de menores fallecen al año por tal motivo, una cifra que hace imposible el cumplimiento del cuarto objetivo del milenio de la ONU.

Lo lamentable, lo verdaderamente lamentable, es que los medios que publicitan la noticia señalan que la cifra es positiva porque es la primera vez que disminuye de 10 millones la cifra de niños muertos. Y es bochornoso porque bajo esa sensación de alivio que pretenden transmitir se diluye no sólo el fracaso de la Comunidad Internacional a la hora de cumplir con el propósito antedicho, sino también el sentimiento de vergüenza y culpa que debería ahogarnos a todos cada vez que alguien nos enfrentase a esta realidad. Si importante es que este año hayan fallecido 300.000 niños menos de enfermedades curables, más trascendente debería ser que fallezcan 700.000.

Quizás la mejor forma de ilustrarlo sería emitir en televisión la desaparición de uno de estos pequeños. Y luego de otro. Y de otro. Y cuando hubiéramos visto decenas de casos y nuestro estómago llorase amargor, una voz en off nos recordaría: “lamentamos interrumpir la programación, pero no existen minutos suficientes esta semana para reproducir todas las muertes acaecidas. Hoy han sido 26.000 los niños que se nos han ido y mañana serán otros 26.000. Pero alegren sus corazones: hemos reducido en trescientos mil la cifra de diez millones que morirán este año. Buenas noches y feliz fin de semana. Y recuerden: conduzcan con responsabilidad”.

¿Hay alguien que lograse no despreciar semejante mensaje? Pues eso es, con cierto disimulo, lo que suelen hacer los medios de información cuando se ven obligados a dar noticias como ésta.

Y mientras os escribo esto, 500 madres han dicho adiós a sus hijos… eso suponiendo que todos tuvieran la suerte de contar con ellas, que por desgracia es mucho suponer.

Bienvenidos al mundo real, que decía Morpheo.