La detención en el Chad de los miembros de la ONG francesa L´Arche de Zoé y de la tripulación que les ofrecía cobertura viene desde hace algunos días compartiendo protagonismo con el baño de masas de los Reyes de España en Ceuta y Melilla y la sentencia del 11-M.

He de confesar que no he seguido con la atención suficiente este problema para aventurarme a emitir un juicio fundamentado sobre la inocencia o culpabilidad de los detenidos, a pesar de que la mayor parte de los datos parecen apuntar hacia ésta última de las posibilidades. Así es que las opiniones que a continuación expongo las hago a título de intuición y reflexión general.

No quiero en todo caso dejar pasar la ocasión para censurar el modo en que ha actuado el Presidente francés, comportándose como un antiguo cruzado. No me ha gustado lo más mínimo ese vuelo, interfiriendo en un proceso judicial abierto y presionando a las autoridades del Chad consciente de la situación de dependencia de la ex colonia.

En todo caso, sí me ha parecido observar una cierta crítica de todos aquellos que apoyan el regreso de los detenidos hacia los que se oponen a ellos, acusándolos veladamente de ponerse de parte del dictador chadiano y de legitimar su régimen. Me viene entonces a la memoria aquella crística sentencia de George Bush tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en la que advertía que quien no estaba de su parte, estaba del lado de los terroristas. Y resucita en mi esa alocución porque da la impresión que todo aquel que se manifiesta contrario o al menos manifiesta sus dudas sobre el proceder de la ONG, se da la mano con el dictador chadiano. Nada más lejos de la realidad.

Lo que muchos observamos es que ni la actitud de la ONG francesa es precisamente transparente, ni la escenografía del “bolivar” francés es adecuada, ni el hecho de que los detenidos sean occidentales presume su inocencia. Y esas consideraciones ni legitiman el régimen chadiano ni hacen confiar apriorísticamente en su sistema judicial, desconfianza por cierto que en el caso presente debería ser extensible, dadas las circunstancias, al proceso que en su caso se llevase a cabo en Francia o España.

Lo que no es de recibo es hacer la defensa numantina que se hace de la inocencia de los apresados por el mero hecho de ser ciudadanos de la Unión Europea.

Lo que no es de recibo es obviar la puesta ficticia de vendajes y la pintura mercobrínica en los mismos.

Lo que no es de recibo es plantear un “primero que vuelvan a casa, luego ya veremos“, cuando los hechos parecen indicar, o al menos hacen sospechar fundadamente, que lo que se ha producido es un secuestro de niños con dios sabe qué intenciones.

Y lo que no es de recibo, en definitiva, es abrogarse el derecho de decidir quien, como y donde se juzga a unas personas a las que se les imputa delitos gravísimos bajo el argumento africafóbico de que el mundo occidental es el que dicta la verdad de los hechos.

Dejemos que sea la Administración judicial chadiana la que enjuicie los hechos sin presiones ya que es a ella a la que en puridad le corresponde. Y si su acción se demuestra irregular, mediatizada y carente de la más mínima base jurídica, ejérzanse las medidas que la legislación internacional vigente contempla para dichos casos.

Pero no caigamos en el error, en la demagogia y en el eurocentrismo de erigirnos en garantes de la Justicia y la Verdad… porque ejemplos de lo contrario tenemos por desgracia muchos y no hace falta recordarlos.

Me gustaría dejarles con una pregunta:

Si la situación hubiera sido la contraria y hubiese sido un avión africano el que es apresado con 100 niños españoles a bordo, ¿creen que habría muchos de los que ahora se vanaglorian del “rescate” que defenderían la misma postura? ¿Creen que muchos abogarían por la vuelta a su continente y que fueran juzgados conforme a las normas de sus países de origen?

Estoy seguro que no. Hablarían sin tapujos de secuestro. Al margen del caso concreto, lo cierto es que me da la ligera impresión de en muchos de los juicios de valor que se vienen efectuando hay mucho de vacuo patrioterismo y un cierto aire de superioridad europea sobre las circunstancias africanas.

Y he de reconocer que una de las cosas que siempre más me sorprende es esa “solidaridad” patriótica que se aisla intencionadamente de los hechos, sean cuales sean. Se antepone en la valoración la nacionalidad del sujeto activo a la propia acción que desarrolla. Me recuerda mucho cuando desde Latinoamérica se pretende atar en corto a multinacionales como Repsol y desde aquí tenemos que escuchar voces de defensa para esas auténticas máquinas de esquilmar porque “son españolas“.