Cuando en la Francia revolucionaria de 1792 los girondinos se situaron a la derecha del Presidente y la denominada Montaña lo hizo a su siniestra no imaginaban que dicha situación física, unida a sus respectivas reivindicaciones políticas, iba a constituirse en el origen de dos concepciones que han marcado hasta la actualidad los dos modos de analizar y enfocar la acción política: la derecha y la izquierda.

Si bien es cierto que bajo tal terminología no siempre se ha mantenido el mismo contenido ni se han proyectado idénticas fórmulas de organización y gestión política, son numerosos los estudios que han pretendido delimitar las notas que caracterizan ambos espectros, incluso hoy en día que parece existir una cierta confusión terminológica y conceptual entre ellos.

Lo cierto es que son nociones políticas de carácter relativo que han intercambiado más comúnmente de lo que muchos creen valores y principios. No asumir esta realidad es participar de un dogmatismo ideológico que desconoce el análisis histórico.

Y llegado a este punto alguien podría preguntarse: ¿cómo puede uno entonces discernir si se halla situado a la izquierda o a la derecha? La verdad es que la respuesta ha de ofrecerse teniendo siempre en cuenta el contexto en el que se ofrece: han existido periodos en los que la separación Iglesia-Estado ha sido defendida por los liberales, localizaciones geográficas en las que el nacionalismo ha sido bandera política de grupos de izquierda o personas que identificándose con la derecha han abogado por el republicanismo y autodenominados progresistas que se han sentido cómodos con la monarquía. Y así podríamos ir enumerando los numerosos ejemplos en los que esta situación se ha producido.

Quiero decir con ello que lo trascendente, a mi juicio, es establecer los principios que cada cual considera deben regir el funcionamiento y organización de las distintas organizaciones políticas e identificar los valores que deben acompañar su acción. Ello con independencia de que en uno u otro momento puedan ser defendidos por representantes de una posición ideológica u otra.

Dicho lo cual, he de reconocer que si hoy y ahora tuviera que situarme a un lado del espectro político, lo haría sin dudar en la izquierda, pero siempre teniendo en cuenta lo expuesto con anterioridad y reconociendo que algunos de los aspectos que en la actualidad pueden identificarme con dicho posicionamiento político en un futuro puede hacerlo con el contrario. Y por supuesto, teniendo muy claro que lo verdaderamente importante no es, como ya ha comentado en alguna otra entrada, las etiquetas sino el contenido que se disimula bajo las mismas.

Partiendo de todas estas premisas, en mi opinión son cinco los cimientos sobre los que se asienta mi identificación con la izquierda y, en consecuencia, cinco las notas que a mi juicio deben predicarse de ésta para ser considerada como tal… aunque es evidente que alguna de ellas también puede ser compartida por individuos que se consideren de derechas…

Tómenlo a modo de manifiesto de alguien que huye de las etiquetas pero que deserta de un mal entendido neutralismo político.

ALTERMUNDISMO

Creo que otro mundo es posible, necesario y urgente.

Me opongo a la concentración del poder económico por las transnacionales, la liberalización del comercio mundial, la mercantilización de la sociedad, la privatización de los servicios públicos y los comunes, la desregularización de los mercados de trabajo y la ausencia de cargas impositivas y control democrático sobre las transacciones internacionales de capital.

Propongo el control democrático de los mercados financieros y las instituciones que los gobiernan.

INTERNACIONALISMO

Entiendo que la existencia de fronteras, banderas y Estados son una creación artificial para impedir a los ciudadanos analizar correctamente las causas de las desigualdades y la injusticia que se dan cita en el planeta, fabricándose a través de aquéllos disputas y conflictos que distraen la atención sobre los verdaderos culpables de los problemas reales.

Manifiesto mi convicción de que hasta que la desaparición de tales instituciones y símbolos no tenga lugar mediante la concienciación de los seres humanos, todo pueblo tiene derecho a decidir sobre su futuro y a elegir su modelo de gestión y organización política, cultural y social, debiendo sustanciarse las relaciones entre los diferentes pueblos en plena libertad y en un plano de igualdad y justicia plena.

ECOLOGISMO

Quiero construir un mundo basado en el desarrollo sostenible y en el respeto al medio ambiente.

Denuncio la degradación de la biodiversidad del planeta, la deforestación de los bosques, la experimentación injustificada con los animales y la contaminación de los ríos y mares sobre la base de intereses económicos privados.

Defiendo el deber de utilizar racional y austeramente los recursos naturales y el derecho de los pueblos indígenas a desarrollar su existencia y gestionar los territorios sobre los que se han asentado desde hace miles de años.

LAICISMO

Declaro mi respeto por las creencias particulares de los individuos, a las cuales tienen derecho y las cuales no pueden ser mediatizadas por el Estado, pero entiendo que debe residenciarse el ámbito de lo religioso a la esfera privada de las personas.

Me opongo a la financiación de las distintas confesiones religiosas por el Estado y a las injerencias de éstas en la vida política, social o educativa del país.

REPUBLICANISMO

Concibo el Republicanismo como algo más que una mera forma de representación del Estado opuesta a otras fórmulas como la monarquía, la aristocracia, la oligarquía o la dictadura.

Me muestro dispuesto a forjar un republicanismo que tenga como base la democracia participativa, la consecución de los derechos sociales básicos y la defensa de las libertades individuales de los ciudadanos.