“Adidas, Bayer, Nike, Siemens, Shell, McDonald’s, Nestlé, Samsung… ¿Cuántas de nuestras marcas preferidas basan sus ganancias en la corrupción, el trabajo infantil, la destrucción del medio ambiente o el maltrato de animales? Cada vez son más las grandes empresas que trasladan sus fábricas allí donde pueden aprovechar condiciones inhumanas de trabajo, que se benefician desvergonzadamente de crisis económicas y conflictos armados, que toleran la tortura y la esclavitud y que transgreden la ley para poder vender bienes probadamente dañinos.
Pero a la vez hay cada vez más consumidores que no están dispuestos a tolerar esta situación y que exigen niveles mínimos de moralidad.”
La cita reproducida la podeis encontrar en la página web que han creado los autores de “El libro negro de las marcas: el lado oscuro de las empresas globales“, editado por Debate (2004). Os recomiendo encarecidamente la lectura del libro, que desenmascara las verdades más turbias que se esconden detrás de las imágenes exitosas de las grandes marcas, pero también muestra el poder que pueden tener los consumidores para obligar a las empresas a cambiar algunas de sus prácticas. En la web antedicha podeis encontrar un sinfín de artículos sobre el Libro, que os darán buena cuenta de su valor.

¿Un ejemplo? En menos de cuatro años el número de teléfonos móviles en el mundo pasado de los 400 millones a los 1.000 millones. Lo que parecía un lujo de película se ha convertido hoy en un bien de consumo la duración media para cambiar de aparato es de menos de 2 años. Dicen que en España los móviles residuales alcanzaban los 2,8 millones de kg. Esta pequeña máquina primero para hablar y ahora para hablar y verse precisa para su funcionamiento de un elemento crucial: el tántalo. Es un elemento metálico raro que en la naturaleza aparece como mineral de tantalita o junto con el niobio en la llamada columbita. Este matrimonio mineral también se le conoce por coltan. El coltán, básico para fabricar condensadores electrónicos que almacenen la carga eléctrica, se ha convertido en un elemento estratégico que quintuplicó su precio entre febrero del año 2000 y enero del 2001 para alcanzar los 950 euros/kilo. Uno de los puntos claves de minería del coltán se ubica entre el Congo y Ruanda. Ambos países devastados por la violencia de guerras civiles sangrientas. El comercio del coltán está en manos de líderes rebeldes que han convertido la guerra y este mineral en su principal negocio que no para de mancharse de sangre. Empresas tecnológicas de la industria electrónica están implicadas en la compra de coltán manchado de sangre. Sangre que sólo en el Congo se ha cobrado más de 3,3 millones de víctimas desde el inicio del conflicto.
Igualmente os recomiendo la lectura detenida de la entrevista que el Periódico Diagonal le ha hecho a Samir Amin, economista egipcio e intelectual que preside el Foro Mundial de las Alternativas.

En dicha entrevista analiza la situación de los movimientos de lucha anticapitalista y las perspectivas de futuro. Altamente instructiva igualmente. El título de la entrevista resume óptimamente no sólo ésta sino sobretodo la encrucijada en la que se encuentra el movimiento altermundista: “el desafío es pasar de la resistencia a la ofensiva“. Y ese desafío no debe quedar, como bien apunta KomoUnIsmo en Trazas, en la ciberacción, sino que debe trasladarse a la calle.
Nunca viene mal recordar que la historia demuestra que los derechos no se conceden, se conquistan. Unos derechos que se circunscriben a aquel que se reconoce en el art. 1 de la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 4 de diciembre de 1986:
El derecho al desarrollo es un derecho humano inalienable en virtud del cual todo ser humano y todos los pueblos están facultados para participar en un desarrollo económico, social, cultural y político en el que puedan realizarse plenamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales, a contribuir a ese desarrollo y a disfrutar de él”
Por cierto, 146 países votaron a favor de esta Declaración, ocho se abstuvieron… y uno sólo voto en contra: ¿adivinan quien?










Los de la coca-cola.
Lo ves? no podemos abandonar la calle… o estaremos perdidos, más.
Premio para el nene
Yo soy bastante pesimista en relación con la protesta en la calle.
Con el anonimato que permite internet, me da que poca gente se eche a la calle, más de los que lo hacen siempre …
Además, lamentablemente al grueso del pelotón le importa bastante poco quién es quien hace los chips de su flamante móvil de última generación. Se acuerdan en todo caso del “chino” o del “indio” cuando no funciona.
:-(