La actual legislatura pasará por ser la más crispada artificialmente y la de mayores avances sociales. Sobre la primera cuestión cabe esperar que una mayoría de ciudadanos reconozca la falta de elementos que justifiquen tanta convulsión. En cuanto a la segunda, simplemente nos falla la comunicación“.

Así comienza un excelente análisis de Júcaro en la bitácora 14 de abril que, bajo el título de “Una asignatura pendiente“, hace un recorrido sobre la evolución de la legislatura actual y llega a la conclusión de que en el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero falla la política de información, como pone de manifiesto, a juicio del autor, que “se habla más de fabulaciones y fantasmas que de la realidad objetiva“.

Es cierto, como señala Júcaro, que los datos macroeconómicos son más que aceptables y en este campo la oposición del PP es nula por imposible, entre otras cosas porque el PSOE se ha limitado básicamente a practicar una política continuista de la hecha por Rodrigo Rato. Y también es cierto que las medidas de índole social que ha implementado el PSOE son su mejor bagaje y posiblemente por si mismas sean capaces de justificar toda la legislatura.

La cuestión radica en por qué en España se escucha más el ruido de los fantasmas que el silencio solemne de las leyes y los datos. Júcaro defiende, como he anticipado, que se debe a un error en la política de comunicación del PSOE. Yo, desde la admiración que le profeso, discrepo. Más me parece que ello obedece a pura estrategia política del partido gobernante.

Trataré de explicarme.

La actual oposición que practica el PP y medios de comunicación afines se basa fundamentalmente en dos temas: el 11-m y el terrorismo etarra.

En cuanto al primer aspecto es evidente que el juicio está desbaratando las teorías proconspiranoicas: su utilización como aldabonazos soterrados contra el Gobierno llega a su fin y su munición comienza a desaparecer justo cuando comienza el periodo clave cara a las elecciones generales, el último año.

Por lo que se refiere al segundo, soy de los que está convencido que el proceso de paz no tiene vuelta atrás y que, más pronto que tarde, Batasuna y ETA darán un paso si no definitivo sí crucial par su resolución favorable. Los rumores sobre un próximo comunicado de la banda son constantes ultimamente.

Ambos son por tanto armas a punto de encasquillarse y el Gobierno lo sabe.

Por otra parte, es lo cierto que la estrategia popular ha conseguido tener movilizadas a sus bases. Pero no lo es menos que las mismas siempre se han caracterizado por su fidelidad en las urnas. Es más, a mi juicio tal estrategia tiene la virtualidad de mantener alejados a los hipotéticos votantes de centro y logra movilizar a su vez a determinados sectores de la izquierda, tradicionalmente abstencionistas.

Estimo que el Gobierno ha hecho ese cálculo y ha preferido dejar hacer, no por ausencia de una correcta política de comunicación sino por el convencimiento de que la estrategia del Partido Popular caerá como un castillo de naipes el último año de legislatura. Los tratamientos apocalípticos son eficaces a corto plazo, pero cuando con el trascurso del tiempo se demuestran falaces son como muros que se desploman sobre los que los plantean.

En conclusión, creo que el Gobierno está adoptado una inteligente linea de defensa: permite al PP que juegue con argumentos que tienen fecha de caducidad y que a su vez provocan una tensión que ciertamente convence a sus convencidos, pero hace huir a los moderados y sirve de nexo de unión a la izquierda.

¿Qué le quedará al PP cuando el juicio demuestre que ETA no estaba detrás del atentado del 11-m? ¿cómo hará del terrorismo el centro del debate cuando ETA anuncie su predisposición a renunciar a la violencia? ¿cómo convencerá a los votantes de centro de que el suyo no es un partido que se sitúa en el extremo del arco parlamentario? Será entonces el momento en el que el Gobierno pueda poner en evidencia la apuesta que ha hecho el PP estos tres últimos años y muestre sus logros en materia macroeconómica y social.

Los errores del Gobierno son evidentes (política territorial fundamentalmente), pero a mi juicio el menor de ellos ha sido la política de comunicación. Ha sido y es una política taimada y a largo plazo que dará sus frutos cuando tiene que darlos, en el último año.

Mientras tanto, dejen que el Partido Popular siga defendiendo conspiraciones y elucubraciones, dejen que apoye manifestaciones preventivas y base su política en suposiciones no comprobadas, dejen que se enfangue en insultos, tremendismos y catastrofes. Todo ello, aunque no lo crea, juega en su contra.

Tiempo al tiempo.