Aunque fusionar Medio Ambiente y Economía pueda parecer tan antitético como pensar en democracia interna y hablar de partidos políticos, lo cierto es que son conceptos, aquéllos que no éstos, que guardan una relación más estrecha de lo que muchos presuponen. De hecho, la degradación del primero es en gran parte consecuencia mediata de la globalización de capitales.
Habitualmente dicha conexión ha sido puesta de manifiesto para patentizar los efectos que en la biodiversidad causan ciertas prácticas de multinacionales. Lo novedoso es sin embargo que la correlación entre ambas realidades la publicite un Estado y lo haga precisamente desde la perspectiva contraria, esto es, analizando las consecuencias que para la Economía pueden tener episodios tan significativos como el cambio climático.
Esto es lo que ha sucedido hace apenas 24 horas. Según leo en Terra, El Gobierno británico ha hecho público un documento en el que se vislumbra un escenario desalentador para la economía mundial si se ignora y no se implementan medidas para evitar el cambio climático. El informe ha sido elaborado por Nicholas Stern, asesor económico de la Administración británica y ex economista del Banco Mundial. En él se advierte que, de no actuar ahora, el coste será equivalente a perder el cinco por ciento del Producto Interno Bruto global al año. Además, puede crear 200 millones de refugiados porque sus hogares pueden resultar dañados por sequías o inundaciones. Añade que el cambio climático puede afectar el acceso al agua potable, la producción de alimentos, la sanidad y el medio ambiente, mientras que millones de personas pasarán hambruna. La situación se prevé tan grave que incluso se señala que puede ser peor que la originada con la Gran Depresión de 1930.
El informe, que lleva como título “Evitar los peligros del cambio climático”, muestra las pruebas presentadas por los científicos en una conferencia de la Oficina Meteorológica del Reino Unido.
En él, el primer ministro, Tony Blair, subraya que “está claro que las emisiones de gases están causando el calentamiento goblal del planeta a un ritmo que es insostenible“. Por su parte, y según se recoge en lukor.com, la ministra de Medio Ambiente británica, Margaret Beckett, indicó que las conclusiones del informe pueden suponer una sorpresa para mucha gente. “ Lo que pasa es que quizás los miembros de la opinión pública no se den cuenta de que se puede llegar a un punto donde todo sea irreversible y no haya marcha atrás“, destacó.
Según pronostica el texto, es necesario invertir un uno por ciento del Producto Interno Bruto global en medidas para hacer frente al actual problema del medio ambiente.
A este informe se le añaden otros provenientes del país anglosajón que inciden en la gravedad del problema. Así, zonaimpacto afirma que un informe del centro Hadley para la predicción y las investigaciones sobre el clima, organismo que depende de la Oficina Meteorológica del Reino Unido, asegura que en el año 2100 casi un tercio del planeta Tierra será desierto. Aparte de este estudio, el departamento británico tiene previsto publicar íntegramente este mes en la revista especializada The Journal of Hydrometeorology otro trabajo en el que los datos tampoco son nada alagüeños. Uno de ellos, por ejemplo, indica que la sequía aumentará considerablemente en todo el mundo a lo largo del siglo. Actualmente, el índice que determina el nivel de sequía moderada está en un 25% de la superficie del planeta, pero subirá al 50% en 100 años. En cuanto al índice de sequía grave, que se sitúa actualmente en un 8% de la superficie terrestre, pasará a un 40% en ese plazo de tiempo, mientras que el de sequía extrema aumentará del 3% actual al 30%.
A raíz de todas estas conclusiones, varios expertos y miembros de organizaciones de todo tipo han puesto el grito en el cielo. Uno de ellos es Andrew Simms, experto de la New Economics Foundation, quien asegura que “no quedará a salvo ningún aspecto de la vida en los países en desarrollo de confirmarse esos pronósticos”. Es más, la capacidad agrícola, la disponibilidad de agua y los problemas en los sistemas de alcantarillado sumirán en un auténtico desastre a millones de personas que actualmente ya viven en condiciones climáticas muy adversas, en opinión de este especialista.
“Es terrorífico –afirmaba ayer en The Independent Andrew Pendleton, de la ONG Ayuda Cristiana–. Dichas consecuencias equivalen a una condena de muerte para millones de personas. Habrá migraciones de campesinos a niveles desconocidos hasta ahora que los países pobres no podrán digerir”.
Esperemos que estos y otros informes hagan recapacitar no sólo al gobierno británico sino a todos los que por acción u omisión están violentando el equilibrio natural que hasta hace poco dominaba la Tierra. De momento parece que algunos comienzan a tomarse en serio la degradación de nuestro planeta. Así, hoy mismo el gobierno británico ha anunciado que ha contratado al ex vicepresidente estadounidense Al Gore como asesor en la lucha contra el cambio climático. Y Gordon Brown, el Ministro de Economía británico, ha informado que presentará en el Parlamento un proyecto de Ley por el que el Gobierno se comprometerá a reducir las emisiones de dióxido de carbono en 60 por ciento para 2050.
A ver si es verdad y podemos comenzar a olvidarnos de noticias como la que hace tan sólo 20 días anticipaba un estudio realizado por la Universidad de Texas, que afirma que el deshielo en Groenlandia ha aumentado tres veces su velociadad desde 2004 comparándolo con los datos desde abril de 2002. La gran masa gélida pierde al año 240 kilómetros cúbicos de hielo.
ACTUALIZACIÓN (31/10/2006):
Curiosamente de este informe no se ha hecho eco la COPE esta mañana. Debe ser porque al amigo Federico le resulta más interesante el ácido bórico y las declaraciones de Santano, noticia con la que ha abierto su programa y sobre la que ha girado la mayor parte de la tertulia.
Poco a poco parece que los gobiernos y sus representantes comienzan a asumir que el cambio climático no es un futurible vendido por ecologistas para consumo de radicales antisistema, sino un escenario que amenaza con convertirse en realidad en apenas diez años, fecha a partir de la cual “no podremos invertir el calentamiento” (Al Gore dixit).
Me viene ahora a la cabeza las declaraciones que hace apenas veinte días efectuó Mihail Gorbachov, adviertiendo que “el mundo se encuentra inmerso en una gran crisis ambiental“. De momento, aquí en España parece que la primera medida, si bien indirecta, va por el buen camino: penalizar el consumo excesivo de agua.
Para más información sobre este y otros temas conexos, acudid al hilo crisis enérgetica y cambio climático (Almacén de Punto Rojo), www.crisisenergética.org y BBC Mundo (en castellano).
Os adjunto los capítulos 1 y 2 del informe. El resto de capítulos podeis descargarlo en HM-TREASURY,
Capítulos 1 y 2 del informe Stern
ACTUALIZACIÓN (13/2/2007):










Ya verás como los gobiernos de los países occidentales, culpables de esta situación, comenzarán a hacer algo cuando ello sea negocio, cuando estén seguros de que actuar sea rentable, altruistamente no se hará absolutamente nada. Los países ricos cobrarán a los países pobres, que serán las principales víctimas de las consecuencias del cambio climático, por arreglarles el clima. Los ricos han ganado contaminando durante 200 años y ahora van a seguir ganando por enmendar con su alta tecnología la debacle climática a la que nos están avocando y que genera y generará, principalmente para los países pobres, sequías, inundaciones, desplazamientos masivos, pérdidas de cosechas, hambrunas, desaparición del 40% de las especies del planeta, etc. Desgraciadamente, veremos a las mismas multinacionales que ahora depredan el medio ambiente, negociando en breve altos costos por aplicar su tecnología para producir agua potable, arreglar infraestructuras, restaurar suelos, producir vacunas o medicinas específicas para las nuevas enfermedades, etc. y serán esas empresas, únicas propietarias de la tecnología necesaria para hacerlo, las únicas que puedan hacerlo, estaremos pues en sus manos a menos que alguien decida acabar con el actual injusto sistema de patentes que prima la propiedad intelectual por encima del beneficio común de unas patentes, en muchos casos, creadas con fondos públicos por científicos formados en universidades públicas, es decir, pagadas por todos pero que revierte beneficios sólo a unos pocos.